Aunque pueda parecer un tópico, la diferencia de edad entre miembros de la familia puede generar problemas importantes.
Tan pequeños y son los dueños y señores, sus antojos pasan a ser órdenes.
La adolescencia supone el difícil paso en el que los niños pasan a convertirse poco a poco en adultos.
Cuando la convivencia se hace insostenible y la pareja decide separarse, si hay hijos, es preciso actuar de forma cautelosa para que ellos no se vean afectados.
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Aunque pueda parecer un tópico, la diferencia de edad entre miembros de la familia puede generar problemas importantes.
Los roces suelen aparecer cuando los miembros de la familia no se entienden entre sí, ni los padres ven lógicos los gustos y comportamientos de sus hijos ni los hijos comparten los gustos de sus padres.
¿Cómo poder evitar que estos puntos de vista diferentes lleven a enfrentamientos? Uno de los puntos más importantes es saber respetarse y poder hablar sobre temas en los que se tiene diferente opinión. Sería ideal que por un momento, los padres supieran ponerse en el lugar de los hijos, y que los hijos pudieran ponerse, aunque sólo fuera durante un minuto, en el lugar de sus padres. Cualquiera de las dos cosas es difícil, pero como padres debiéramos probarlo a ver qué sentimos. Ponernos alguna vez en el lugar de nuestros hijos, no supone perder la autoridad ni la disciplina familiar, por el contrario, sería el camino para seguir manteniéndola.
En muchas ocasiones los problemas vienen porque los hijos se sienten hipercontrolados por los padres y los padres sienten que sus hijos se rebelan. Nuestros hijos necesitan autonomía para poder vivir y nosotros en muchas ocasiones, incluso inconscientemente les obligamos a que vayan por el camino que nosotros creemos mejor para ellos. Pero puede que nos equivoquemos, o puede que sea mejor que ellos vayan descubriendo que estaban equivocados. La confianza mutua es lo que mantiene la comunicación en las familias, el respeto a la autonomía del otro es crucial para que la familia siga su curso y se vayan adaptando a los cambios inevitables que va marcando el paso del tiempo.
Esto no quiere decir que no haya que estar atentos, que no haya que supervisar. Supervisar sí, vigilar no. La vigilancia sólo da lugar a malas interpretaciones y complica la comunicación, cuando no la rompe. La supervisión, sin embargo es necesaria y de manera discreta contribuye a mejorar el clima familiar.
Cuando las diferencias generacionales suponen problemas que hacen que las relaciones se "estanquen", los profesionales pueden ayudar a encontrar solución a estas situaciones. No conviene esperar a que sea demasiado tarde para poder reencauzar la situación.
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