Hay veces en la vida que nos venimos abajo, nos desanimamos y nos ponemos tristes.
Cuando hablamos de ansiedad nos referimos a un malestar significativo que va acompañado de síntomas físicos; y ambos producen un deterioro de áreas importantes en la vida de las personas.
La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos según las experiencias que hemos ido incorporando a lo largo de nuestra vida.
El miedo es un mecanismo de gran utilidad que nos alerta en caso de situaciones de riesgo, y a lo largo de la vida, principalmente en la infancia, los miedos evolucionan pasando por diferentes fases y a medida que nos vamos haciendo mayores los miedos van cambiando.
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El miedo es un mecanismo de gran utilidad que nos alerta en caso de situaciones de riesgo, y a lo largo de la vida, principalmente en la infancia, los miedos evolucionan pasando por diferentes fases y a medida que nos vamos haciendo mayores los miedos van cambiando. Por eso podemos decir que cualquier miedo es posible y hasta útil a lo largo de nuestra vida.
Cabe preguntarse dónde está el límite entre lo normal y lo patológico en lo que respecta al miedo. Se suele decir que la frontera radica en el momento en que un miedo nos incapacita para llevar a cabo una actividad. Nuestra experiencia nos ha ido demostrando que antes de llegar a este punto, se puede evitar mucho sufrimiento y que se puede aprender identificar los indicadores que sobrepasan la barrera del miedo útil para evitar pasarlo mal y descontrolar nuestra manera de comportarnos. Es verdad que cada uno tiene sus propios indicadores, lo mismo que el miedo es diferente para cada uno. Hemos encontrado un nombre para denominar una emoción que es vivida de manera muy distinta en cada uno de nosotros. Pero lo que sí es común es el malestar que se siente cuando uno se ve o se imagina una situación temida.
Se puede tener miedo a cualquier cosa: miedo a la oscuridad, miedo a hablar en público, a salir a la calle... todos los miedos y fobias son posibles de controlar.
A medida que el miedo crece se corre el riesgo no sólo de que se convierta en una fobia incapacitante, sino que también nos arriesgamos a que se generalice a otras áreas de nuestra vida y los ataques de pánico empiecen a ocupar parte de nuestro tiempo. Cuanto antes le pongamos remedio, menos dejaremos evolucionar el miedo. El mecanismo que la gente normalmente utiliza para evitar el miedo, suele ser la huída de las situaciones que provocan ese miedo. Esto, paradójicamente, lejos de reducir el miedo, hace que sea cada vez más intenso y pasemos a fases en las que el simple pensamiento en la situación temida nos provoque los mismos síntomas que la situación misma. A pesar de que la persona sabe que esto no hace más que agravar el problema, persiste en hacer siempre lo mismo. Es la misma situación que por ejemplo una persona que tiene miedo a padecer enfermedades y no hace más que buscarse síntomas, informarse continuamente del estado de su cuerpo, consultar en diferentes médicos… de manera que lejos de solucionar o aliviar su problema, lo hace cada vez más complejo.
Por mucho que insistamos en dejar de hace lo que no nos da solución, sabemos la dificultad que entraña el afrontar las situaciones vividas con temor, por eso recomendamos siempre consultar en estos casos para poder recibir la ayuda del psicólogo enfocados en la resolución y no en el simple diagnóstico que de nada sirve a la hora de solucionar problemas.
No hay que dsesperar; existen técnicas para controlar y superar el miedo.
Consulta con un profesional.
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