El miedo a la oscuridad es uno de los miedos más comunes en los niños.
La noche es buena cuando se descansa, pero también es motivo de sufrimiento para aquellos que nos son capaces de conciliar el sueño.
|
Al igual que ocurre en los adultos, el miedo puede ser muy útil para evitar situaciones de riesgo, pero hay que tratar de evitar el sufrimiento en los más pequeños.
El miedo les incapacita, genera problemas de autoestima, les produce angustia y ansiedad, y no les deja disfrutar de momentos bonitos en los que otros compañeros pasan sus mejores ratos (disfraces, fuegos artificiales, excursiones de la escuela, barracas…) El niño miedoso no suele entender qué le pasa, ve que sus amigos se divierten y él se siente incapaz tan siquiera de relajarse.
Es importante, como padres, como profesores, como adultos que acompañamos a los niños, detectar el grado de malestar que les generan los miedos para poder actuar y también pedir ayuda profesional si lo consideran necesario. Un niño con miedo se tiene que sentir comprendido, ver que puede contar lo que le está pasando porque alguien le entiende y además le tiene en cuenta. La mejor manera que una niña de 8 años tuvo de expresar en consulta el alivio que sintió al verse comprendida por el psicólogo infantil fueron estas palabras: “¿Sabes? Es como si siempre que sales a la calle tienes un ladrillo encima de la cabeza y ahora, de repente, ya no lo tienes” Esto simplemente cuando nos contó lo que le pasaba y sintió que se le había comprendido.
Es muy común que veamos que el propio niño en la primera sesión tiene desconfianza porque piense que lo que le pasa es tan terrible que nadie le puede ayudar.
¿Qué deben hacer los padres frente a los miedos y temores en la infancia?
-Observar qué tiempo de inicio tiene el miedo: si es de repente, si ha sido después de alguna experiencia en concreto, si ha sido por ir con algunos amigos, por estar con una determinada persona…
-Observar la intensidad del miedo en el niño, en que medida les incapacita para hacer cosas.
-Dejar contar al niño lo que le pasa, hacer que se sientan comprendidos
Consultar con un profesional si no se sabe cómo manejar la situación. El psicólogo encontrará mediante terapia, la forma de ayudar al niño a vencer sus miedos.
También hay otras cosas que los padres no deben hacer y son realmente importantes:
-No romper los límites de la educación porque se den ciertos miedos. Habrá que ayudarles, explicarles… Pero tendrá que hacer lo que sus padres les manden. El niño que lo tiene todo permitido, podría convertirse en un niño desobediente o tener problemas de adaptación en el colegio o con un grupo de amigos.
-No evitar situaciones para no pasar miedo. Por ejemplo, si no quiere ir a clase porque tiene miedo a algo, en principio, estaría contraindicado que se quedara en casa.
-Tenemos que insistir en este último punto porque también es delicado cuando un niño descubre el poder que tiene “dar pena a sus padres”. Hay que tener la habilidad suficiente como para captar la diferencia entre el niño que lo pasa mal y el que quiere estar con sus padres porque la compañía y los mimos son de su agrado y los consigue de manera fácil.
Un niño sin miedos está más libre para aprender, divertirse, relacionarse y evolucionar “quemando” etapas de manera natural y disfrutar de casi todo lo que tiene delante.
|